Pese al temor de ser señalado una vez más de “boinas”, me
gustaría trasladar al lector en dos variables, tiempo y espacio, para situarle
en el centro de la ciudad de Córdoba, algunos años atrás. Durante mi infancia
no eran pocas las tardes que me pasaba “correteando” por lo que en dicha ciudad
se conoce como “El Boulevard” (o bulevar), nombre extraoficial de la que en el
callejero figura como Avenida del Gran Capitán. Hablamos, para el que no lo
conozca, de una paseo peatonal, amplio y largo, idóneo para tomar café en una
terracita mientras la chavalería disfruta dando patadas a un balón o saltando a
la goma.
Era en aquellos años de juventud cuando, al llegar el verano,
siempre observaba el mismo hecho que me llamaba la atención: justo en mitad del
mismo bulevar (cerca de la intersección con la calle Menéndez Pelayo, para el
que conozca el lugar) encontraba dos puestos de helados pegados, casi rozándose
el uno con el otro. Mi incipiente curiosidad siempre llevaba a preguntarme el
por qué ambas decidían esa posición tan junta, haciéndose feroz competencia
mutua, dada la enorme amplitud de paseo.
La respuesta la he encontrado algunos años después, en las
clases y los libros de una apasionante asignatura llamada “Microeconomía”;
concretamente, en una teoría que se conoce como “Modelo de Hotelling”. El planteamiento original de este modelo no dista mucho
del aquí presentado: el escenario se compone de una playa (de estas de ciudad,
alargada, de un kilometro “y pico” de distancia), en cuyo paseo se sitúan un
par de vendedores de helados, los cuales observan una distribución uniforme de
los bañistas a lo largo de la misma playa (en palabras llanas, hay más o menos
el mismo número de personas a lo largo de la playa).
Imaginemos que los vendedores comienzan poniendo sus
puestos en los dos extremos de la playa. A ojo de buen cubero, aproximadamente
los bañistas situados en la mitad derecha de la playa acudirá al vendedor
situado en el extremo derecho, y la mitad izquierda al otro; la cuestión es ir
al más cercano. Dada esta situación, supongamos que uno de los vendedores (por
ejemplo, el del extremo de la derecha) acerca su puesto un poquito más hacia el
centro de la playa; ahora, a algunos bañistas situados en la zona
centro-izquierda de la playa les resulta más cercano acudir a este. Por lo
tanto, además de la demanda anterior (toda la zona derecha de bañistas), dicho
heladero observará como tiene más demanda (la zona centro-izquierda), lo que se
traduce en mayor beneficio.
Al observar esta pérdida de clientes, el vendedor situado
en el extremo de la izquierdo, movido por ansia de ganancias pensará que si se
acerca un poco más al centro conseguirá arrebatarle parte de la demanda al otro
heladero. Este proceso se irá repitiendo hasta que los heladeros encuentren el
punto de equilibrio: ¡ambos terminarán justo en el centro! Un punto en el que,
como ocurría al principio, cada heladero venderá más o menos a la mitad de los
bañistas (ya que ambas heladerías tendrán el mismo coste “en distancia” para
cada bañista).
Verdaderamente, el bulevar de Córdoba es un ejemplo
notablemente gráfico para entender un modelo muy usado en la teoría, y que
algún profesor que otro ha calificado de poco “realista”. Si Córdoba bien
merece una visita, esta curiosidad ha de invitar a muchos incrédulos que
critican los supuestos de la teoría económica para verificar como el modelo de hotelling no esta tan lejos de la vida
cotidiana como a priori podría parecer.


2 comentarios:
Imaginemos ahora no dos, sino cientos, miles, ¡cientos de miles! de blogs económicos. Al margen de facilidades o dificultades en su localización a lo largo y ancho del ciberespacio, sin sombra de duda ninguna, me quedo con este.
Un post insuperable. Dan ganas -pese al intenso frío- hasta de ir a pillarse unos helados...
¡ vaya pensamiento para un niño¡
Si me hubieses preguntado, te habría explicado el " modelo de Hotelling"con todo lujo de detalles ( seguro) y ¡ TU LO HABRIAS ENTENDIDO¡
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