Con permiso del lector, y tratando de lanzar un capotazo a
la famosa frase de la sabiduría popular “segundas partes nunca fueron buenas”,
añado este pequeño apéndice a la entrada anterior del blog, a propósito de la
discusión abierta en torno a lo que acordamos llamar una suerte de “relativización”
de las elecciones económicas.
Efectivamente, la semana pasada hacíamos un guiño al “homo
oeconomicus”, ofreciendo un marco en el cual las decisiones (que en aquel caso
consistían en comprar un bolígrafo y comprar un ordenador portátil) era tomadas
teniendo en cuenta el precio de los bienes que se consideran, no en términos
absolutos, sino considerando el porcentaje de ahorro en relación a dicho
precio.
La idea que completa aquello surge de un capítulo del
programa televisivo “Redes para la ciencia”, presentado por el polifacético E.
Punset. En el mismo, titulado “Somos predeciblemente irracionales” (link), se
plantea se siguiente experimento: un vendedor ambulante ofrece a los viandantes
dos tipos de chocolatinas; las primeras, elaboradas con chocolate belga de
calidad y con una presentación exquisita, tienen un precio de 15 céntimos; las
segundas, elaboradas con chocolate de menor calidad y con una presentación más
cutre, se ofrecen a 1 céntimo (los viandantes que se acercan a comprar conocen esta
información). Después de un buen rato de ventas, se observó como el 73% de los
compradores se decantaron por el chocolate belga, mientras que tan solo el 27%
prefirió la chocolatina de 1 céntimo.
En la siguiente fase del experimento se realiza una pequeñísima
rebaja en ambos productos. En particular, se reduce en un céntimo el precio de
ambos: la chocolatina de buena calidad pasa a costar 14 céntimos, mientras que
la de baja calidad se ofrecerá totalmente gratis. Tras otro rato similar de
venta ambulante, los resultado obtenidos fueron bien distintos: ahora un 69% de
los compradores se decantaron por el chocolate de ¡mala calidad!
Las conclusiones de este nuevo experimento nos encajan
perfectamente con el argumento aportado la semana pasada. Efectivamente, no se
trata de que el ahorro en la segunda fase de ventas sea de 1 céntimo: la clave
está en que ponemos en relación los precios de ambos bienes. Así, mientras que
en la primera venta computamos en nuestra cabeza que el precio de la
chocolatina belga en términos de la de baja calidad es 15 (o lo que es lo
mismo, renunciamos a 15 chocolatinas malas para obtener 1 buena), en la segunda
el precio del chocolate belga tiende a infinito: por tener un precio igual a
cero, nunca podremos renunciar a suficientes chocolatinas malas para cubrir el
precio de una buena. Este cambio radical en el precio de una con respecto a
otra es lo que explicaría el cambio en las preferencias de los consumidores.
Un argumento algo menos teórico y más cercano a la
psicología de la mercadotecnia consiste en resaltar el efecto que hace en las
personas la palabra “gratis”. Esto no es algo ni mucho menos nuevo para
nosotros: ¿quién no se ha acercado alguna vez a algún stand informativo con la
idea de pillar algún bolígrafo, llavero o libreta de propaganda, pese a que
conocíamos de antemano que la información que se nos iba a proporcionar en
dicho stand no era de nuestro interés? Sin duda alguna esa felicidad que nos
envuelve cuando conseguimos un objeto, como vulgarmente se dice, “por la jeta”
nos explica también parte de la historia de nuestro curioso experimento.


1 comentario:
Imaginemos dos stands contiguos, ambos presididos por enormes letreros con la palabra "gratis". Uno regala ilimitadas chocolatinas, otro ilimitados ejemplares de los libros de Punset. Dada la contingencia humana (un número "n" de objetos transportables, de bolsillos en los que almacenarlos, etc), personalmente me quedo con las chocolatinas (dicho con todo mi reconocimiento a quien es "Premio Fundación Pilates", como el mismo Punset recoge en su nada autorreferencial página web). Bueno, pero pese a eso, tal vez reciba el "Premio Nestlé Cajarroja" o el de la "Fundación Lacasitos"... Seguro que, en cualquier caso, no dejará de anunciarlo en su web (que, por cierto, no tiene desperdicio).
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