lunes, 23 de enero de 2012

EL PRECIO DE UNA "CAMINATA"


Le propongo al lector que piense en el siguiente escenario; imagínese que usted necesita comprar un par de bolígrafos tipo “Bic” para sus quehaceres diarios. Tiene dos opciones: en la tienda que tiene justo en frente de su casa los venden por 5 euros cada uno de ellos; sin embargo, sabe que si anda un poco, en un barrio alejado, encontrará una tienda donde puede adquirir los mismos bolígrafos al módico precio de 0,6 euros. ¿Cuál será su reacción? Pues efectivamente, lo más probable es que no caiga en la estafa que le proponen en la tienda que tiene junto a su casa, y decida esperar para ir a la tienda alejada para adquirirlos (asumimos que no le urge de forma extrema conseguir dichos “bolis”).

Ahora sitúese en otro escenario: va a adquirir un ordenador portátil para sustituir su viejo y obsoleto ordenador de mesa. En particular, le ha gustado uno que venden en la tienda de informática que está junto a su casa, por un precio de 1.105 euros. Sin embargo, de alguna forma se entera de que el mismo ordenador (exactamente idéntico) puede adquirirlo en otro comercio situado lejos de su casa; le indican que el precio en este caso es de 1.100 euros. ¿Qué decidirá hacer en esta ocasión? Probablemente, piense que por 5 euros no va a darse una larga caminata, y decide comprar el portátil en la tienda junto a su casa.

Ahora compare los dos escenarios: en el primer caso, usted decidirá andar lejos para adquirir los bolígrafos, y así ahorrarse 4,4 euros; en el segundo, preferirá no tomarse esa molestia, pese a incurrir en un coste adicional de 5 euros. ¿Es este un indicio de irracionalidad?

No se preocupe al leer estas líneas, usted no se ha vuelto loco (al menos por el momento); este fenómeno, propio del estudio de la economía teórica, se basa en un simple principio: al tomar decisiones de consumo, las personas pensamos en términos relativos. En otras palabras, cuando usted pretende comprar un bolígrafo piensa que acudiendo a la tienda alejada puede ahorrarse no 4,4 euros, sino un 8.800% de su precio, mientras que si decide caminar para comprar el portátil tan solo se estará ahorrando un 0,45% del precio del mismo.

La idea que subyace detrás de esta historieta es que los individuos, en definitiva, pensamos en términos relativos. Una lección que, por otra parte, es bien conocida por nuestros funcionarios y pensionistas que, año tras año al llegar diciembre, esperan que sus pagas aumenten o “se indexen”, sin que importe no tanto la cuantía en la que suban nominalmente (estos es, 100 o 1000 euros), sino que lo hagan en proporción a lo que sube una cesta de consumo estándar, reflejado en el IPC (Índice de Precios al Consumo).

A pesar de ello, no hay pocas teorías que han defendido lo que se denomina la “ilusión monetaria” esto es, que los agentes, por falta de conocimiento sobre las oscilaciones del nivel general de precios, solo atienden a cambios nominales; en nuestro ejemplo, piénsese el caso en el cual usted desconoce que, por lo general, puede adquirir bolígrafos a un precio en torno a los 60 céntimos. En tal supuesto, si necesita un bolígrafo y es la primera vez que adquiere uno, no es consciente de la estafa, y pagará lo que le pidan para satisfacer su necesidad. Es precisamente esta ventaja de la que se aprovechan los comerciantes locales ante turistas que adquieren productos típicos de la zona en tiendas cercanas a los hoteles y a los cascos antiguos de las ciudades: ante el desconocimiento, serán “sablados” como vulgarmente se dice. Queda pues evidente, que el verdadero relativismo en el que basamos nuestro actuar (al menos el económico) va unido de la ausencia de información asimétrica.  


1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy convencido de que ese sano relativismo preserva la salud mental. ¿Cómo no llegar al colapso cerebral teniendo que ponderar y reflexionar hondamente cada decisión de consumo? Recorrer la mínima distancia que separa el estanco del bar en el que funciona una máquina dispensadora de tabaco vale "menos" que esos céntimos que uno se ahorra en el primer establecimiento. Pero, en efecto, "menos", ¿respecto de qué? Dejo la reflexión para los verdaderamentre entendidos, mientras disfruto de unos instantes de evasión mental dando largas caladas a un cigarrillo .