martes, 22 de mayo de 2012

I NAVARRA DEVELOPMENT WEEK


Evento: entre el 4 y el 8 del próximo mes de junio tendrá lugar la primera edición del "Navarra Development Week", un curso/congreso sobre economía del desarrollo que nace por iniciativa del Navarra Center for International Development de la Universidad de Navarra. El curso contará con dos ponentes principales especializados en la materia: Prakarsh Singh, Ph.D. por la London School of Economics, y profesor en el Amherst College, impartirá las sesiones bajo la rúbrica "Body, Mind and the Spirit of Development"; y Pedro Vicente, Ph.D. por la Universidad de Chicago y profesor en el Trinity College de Dublin, que cubrirá en sus charlas aspectos de la política económica para el desarrollo.

Adicionalmente, el curso se completa con la presencia de cinco invitados que impartirán sesiones sobre temas concretos: Terry Ryan (Ph.D. MIT), Bernardo Villegas (Ph.D. Harvard), Santiago Fernández de Córdoba (economista de la ONU), Robert Mudida (Ph.D. University of Nairobi) y Stephen N. Ndegwa (Ph.D. Indiana University).

La Universidad de Navarra será la anfitriona de un evento que, dada la gran calidad académica de sus ponentes, se presenta altamente atractivo tanto para expertos como para interesados en la materia. Los participantes podrán entrar en contacto directo con los conferenciantes en los múltiples encuentros informales que se realizarán (comidas, cafés, etc.). Su coste, de 300€, puede sufragarse mediante la solicitud de beca parcial; existen igualmente facilidades para el alojamiento.

Navarra Center for International Development es un centro de investigación pionero en España, que pretende estudiar aspectos económicos, políticos y sociales del desarrollo de los países, con el objetivo de poder tener un impacto real a través de lo que se denominan las policy recommendations. Más información sobre el instituto y el curso puede encontrarse en este link.


lunes, 14 de mayo de 2012

¿SOY REALMENTE UN FREE-RIDER?

Como ya conocerá el lector por la pequeña biografía que se sitúa en el margen derecho de este espacio cibernético, en la actualidad me encuentro cursando un máster en economía; dentro de los múltiples conocimientos que nos imparten en el mismo, en los que abundan las conocidas como "micros" y "macros", las matemáticas y los modelos formales, no podía faltar la tan temida por muchos econometría. Pues bien, me gustaría centrarme en esta última asignatura; pero no se asuste aún: no pretendo que el lector profundice en los modelos ARMA, el filtro de "Kalman" o la regresión logit/probit; más bien quiero plantear el dilema que ha ofrecido la evaluación de la misma.

Al comienzo del curso, el profesor de econometría (un afamado economista del Banco de España, doctorado por San Diego y discípulo de Hamilton), nos planteo dos posibilidades para ser evaluados: en primer lugar, podíamos optar por un examen al terminar el curso de las materias teóricas impartidas durante las clases; como segunda opción, podíamos decantarnos por unas entregas periódicas de ejercicios de programación de herramientas econométricas por grupos, sobre las cuales se nos podía preguntar durante las clases de forma individual.

En el momento de la votación para escoger uno de los anteriores sistemas, me sentí un tanto cohibido al darme cuenta, no solo que era el único que prefería el examen, sino que parecía que lo que estaba diciendo era poco menos que un pecado mortal. A pesar de ello, y puesto que también soy (formalmente) jurista, me vi obligado a acatar la regla de la mayoría si más contemplaciones, por lo que tocaba ponerse a hacer trabajos de programación semanalmente.

Dado este escenario, era de esperar que mis incentivos a realizar el trabajo en grupo de programación eran más bien escasos; ante ello, mi compañero de grupo, F.S.C., me comentó que mi estrategia se basaba en un puro artificio: según él, yo estaba mandando una señal (signaling) por la cual me declaraba partidario del examen final, para tener una excusa para no trabajar en grupo, por lo que tanto él como E.I.J. (la tercera componente del equipo) cargarían con el trabajo, asumiendo yo una posición de free-rider (vamos, lo que viene a ser vulgarmente un "jeta").

Sin embargo, existen múltiples argumentos para pensar que mi posición no es en absoluto de free-rider. En primer lugar, como pre-doctorando en economía teórica que soy, estoy particularmente interesado en estudiar a fondo todo el entramado teórico que está detrás de los modelos macroeconométricos que estamos viendo con dicho profesor. En segundo lugar, la existencia de un examen me sirve a modo de lo que en teoría económica se denomina commitment, esto es, una suerte de mecanismo coercitivo que me empuja a realizar una tarea que, de no existir tal mecanismo, probablemente no haría; en otras palabras, uno piensa (erróneamente) que "si no hay examen, ¿para qué estudiar?".

Por último, hay que tener en cuenta el carácter dinámico de la situación: en más de una ocasión, los tres mismos individuos hemos realizado trabajos para otras asignaturas donde no ha existido para nada un problema de free-rider ni nada parecido. Lo que pasa es que en esta ocasión los incentivos han cambiado, y los objetivos de los distintos componentes del grupo divergen: es esta la verdadera fuente del problema.

La moraleja es la misma que se puede deducir de muchos otros artículos aquí publicados: los incentivos son importantes, y, en muchas ocasiones, saber alinearlos es fundamental para que una empresa, una política o un equipo funcionen bien. Es esta una labor encomendada a esta bella profesión que pretendo ejercer en el futuro.


martes, 1 de mayo de 2012

DESPILFARRO VS. RECORTES: SANIDAD PÚBLICA

14.15; acudo al mostrador del centro de salud más próximo al piso en el que habito en la localidad de Pamplona para pedir una cita con el médico que me tengan asignado; el motivo, un simple chequeo ordinario para un certificado que me requieren para el curso que viene. Una vez allí me comentan que, por mi condición de "desplazado", no tengo derecho a un médico concreto, que podían darme cita con el que estuviese libre. 16.30 de la tarde; acudo puntual a mi cita con la doctora del mismo centro; le explico que necesito un chequeo y un visto bueno para un certificado. Sin embargo, la misma me comenta que lo que le pido es imposible, puesto que no tiene acceso a mi historial médico por estar en un centro de salud situado fuera Andalucía. Concluye afirmando que, para conseguir la firma que necesito, tengo que buscarme la vida de otra forma o acudir a mi médico de cabecera de Córdoba.

Pues efectivamente, en apenas unas horas pude comprobar en primera persona las ineficiencias del "fantástico" sistema de las autonomías creadas en a raíz del consenso constitucional de 1978. Todo un "logro" que, al menos a mi, pese a que resido en la Comunidad Foral desde hace 7 años, he sido usuario del Osasunbidea (Servicio Navarro de Salud) en múltiples ocasiones, y soy de nacionalidad española por ius soli y ius sanguinis, me hace sentirme como un verdadero foráneo. Y, aunque como me comentó un colega vasco de ideas extrañas, yo realmente fuese un extranjero en Navarra, algo similar me hubiese ocurrido en las comunidades de Castilla-La Mancha o Extremadura.

Este mal funcionamiento no responde a la mentalidad que abogan algunos de que la sanidad es una línea infranqueable en derechos ciudadanos que no puede ser tocada. En mi opinión, es un claro ejemplo de como el propio derecho a una sanidad pública se está poniendo al servicio de unas exigencias políticas como lo son el reclamar la cesión de ciertos servicios a los entes autonómicos para satisfacer las demandas de los territorios que pretenden sentirse con más y mayores competencias (por que quizás con ello se sienten más "nación").

Pero las ineficiencias no terminan aquí; podemos usar para ello un pequeño símil: probablemente, el lector haya acudido alguna vez a los conocidos restaurantes Foster's Hollywood para compartir una comida con amigos y/o familiares. Si no es el caso, no se preocupe, yo le explico como funciona: la política que tiene la casa con respecto a la bebida consiste en que el comensal paga una determinada cantidad en virtud de la cual tiene acceso a rellenar su vaso con refresco tantas veces como quiera sin coste adicional. Mi reiterada experiencia personal me dice que, por lo general, los comensales, pensando en que los vasos rellenos adicionales que se pidan "son gratis", uno acaba por pedir más refrescos "sin ton ni son," para terminar la comida o la cena con la barriga inflada de gases, mientras que en el restaurante hay generalmente un camarero que no da abasto sirviendo refrescos.

Algo similar ocurre en nuestro sistema sanitario; pensando en que "es gratis", los ciudadanos tendemos a acudir "sin ton ni son" a los centros de salud, con los resultados que ya sabemos: saturación en los hospitales, largas esperas para ser atendidos, cabreos por parte de los pacientes y médicos y enfermeros que no dan abasto, y que, por ganar poco en relación a lo que trabajan, tienen incentivos a montar centros privados donde atender a los pacientes con todo lujo de detalles por una suculenta suma de dinero.

La solución, como no podía ser de otra forma, requiere de un replanteamiento del sistema mediante el cual se modifiquen los incentivos. Volviendo a nuestro ejemplo, ¿qué ocurriría si, por ejemplo, por cada refresco de naranja adicional que pides en el Foster's Hollywood te cobrasen la cantidad simbólica de 0,3€? Probablemente seguirías pidiendo bastante bebida, pero ahora no lo harás "sin ton ni son", puesto que hay un pequeño recargo que te hará pensar que no es necesario pedir un último refresco para darle dos sorbos. Esta es la idea con la que nace el copago sanitario y farmacéutico: tratar de mentalizarnos de que no podemos utilizar el sistema público de sanidad a lo loco; de que hay derecho a una cobertura pública, sin lugar a dudas, pero que también hay el deber a utilizarla con sensatez. Por que, como bien han dejado claro nuestros amigos de FEDEA, "Nada es gratis".


viernes, 20 de abril de 2012

DESPILFARRO VS. RECORTES: EDUCACIÓN

Una de las cosas que más me gustan de las vacaciones es la de poder bajar a mi Córdoba natal a descansar con mi familia; no solo por que puedo disfrutar del autentico Salmorejo que me prepara mi madre: también con ellos aprendo, y me enseñan como se ven las cosas desde otra perspectiva, la más cercana a la del día a día que se vive por las calles del sur de España.

En plena discusión sobre los recortes en educación que ha propuesto recientemente el Ministro José Ignacio Wert y del panorama educativo español en general, mi hermano, con sus (discutibles) inocentes 16 años, formuló la siguiente pregunta: ¿a quién se le ocurrió poner un ordenador a cada o alumno de primaria? Efectivamente, a mi hermano "pequeño" le cuesta creer que haya alguien dispuesto a gastar dinero público en semejante maniobra movido por la convicción de que eso incrementará el aprendizaje del alumno.

Pues si, esa brillante idea se la debemos a los responsables de educación de la Junta de Andalucía, que no han dudado en, a golpe de cheque, regalar a cada niño una herramienta de trabajo para la que un servidor no encontró verdadera utilidad académico-didáctica hasta el comienzo de los estudios universitarios. No es de extrañar que, sin ir más lejos, mi primo, alumno de tercero de primaria y apasionado de los videojuegos, haya encontrado en él un gran aliado para sus ratos de ocio. O como comentaba otro allegado, que algunos niños, alentados por sus padres, hayan decidido vender el dispositivo para ganar algunos ahorrillos en estos tiempos de crisis: como se ve, en algunas partes han llegado los ordenadores pero no la educación... ¡algo falla!

Quizás nuestros gobernantes hayan llegado al siguiente razonamiento: si en los países en los que la educación es muy buena los alumnos disponen de un ordenador como herramienta educativa, ¿por qué no ponemos nosotros también ordenadores, para que de esa forma también mejore la calidad docente de nuestro país? Si realmente fue esto lo que les vino a la cabezas de los miembros de la Junta de Andalucía, no les vendrían mal una nociones básicas de estadística, para aprender a distinguir entre correlación y causalidad: en efecto, una cosa es que se encuentre una relación directa entre el uso de portátiles entre los alumnos y la calidad educativa, y otra cosa es pensar que la primera produce la segunda.

En mi opinión, el problema surge cuando el punto del que partimos, a tenor de los informes "Pisa", es de una educación lastrada, con alto porcentaje relativo de abandono y fracaso escolar; el paso inmediato, obviamente, no puede pasar por poner ordenadores portátiles para todos los alumnos, sino de buscar los mecanismos correctos de incentivos que consigan, por un lado, que los docentes se involucren realmente en la educación de los chavales, y, por otro, que los alumnos consigan encontrar un diseño educativo que les incentive a la formación.

Este esquema de incentivos ha de conseguir que la escuela, tanto pública como privada (ambas imprescindibles para vertebrar el derecho constitucional a la educación), alcance el nivel adecuado que se merece un país desarrollado. La ventaja del sistema privado es que en caso de fracaso, los docentes se verán obligados a abandonar su labor; un hecho que no ocurre de la misma manera con nuestros gobernantes, que pese a la iluminación de los ordenadores portátiles continúan en su labor política, como así fue constatado en las pasadas elecciones autonómicas del 25 de marzo. Parece que el gasto, aun en lo inútil, sigue vendiendo más que los recortes propuestos en plena crisis por el Ministro Wert.


viernes, 6 de abril de 2012

EL COSTE DE OPORTUNIDAD COFRADE

La Semana Santa es uno de los momentos más especiales del año en nuestro país; miles de cofrades nos echamos a las calles para ver con devoción las antiguas tallas que pasean por las distintas ciudades de nuestra geografía, acompañadas de unos cortejos más o menos sobrios. Son muchos los lugares donde se vive con especial fervor este tiempo; no obstante, hay una región de nuestro país que salta de inmediato a la cabeza cuando pensamos en fervor, devoción, folclore y popularidad: Andalucía.

Efectivamente, es en el sur donde miles de turistas pasean estos días atónitos ante tanto cucurucho y costal; todo ello con un factor clave para el éxito comercial (que no piadoso): la meteorología. Muchas pequeñas empresas se juegan estos días sus resultados que quedan al albur de un factor tal aleatorio como es el hecho de que llueva o haga sol. Una idea que nos puede llevar a pensar la siguiente reflexión: si hay sectores, como el agrario, que por depender de una gran aleatoriedad climatológica son subvencionados para que la suerte de los agricultores no quede al capricho de las nubes, ¿no merecerían por el mismo motivo ser ayudados públicamente estos comerciantes, al menos durante estas fechas?

Pero no es un tema que sea momento de discutir en este espacio cibernético que tan solo pretende dar algunas pinceladas de realidad económica. Quería centrarme más bien en un factor que he venido observando estos últimos años, en plena crisis económica, en un lugar más concreto aun: la Semana Santa cordobesa. Es bien sabido que aquí, como en muchas grandes ciudades de la Comunidad Autónoma andaluza, los hermanos de las distintas cofradías consultan constantemente los partes meteorológicos para saber si el tiempo permitirá poner en la calle sus imágenes titulares engalanadas para la ocasión.

Finalmente, las nubes son las que dictan sentencia: si hace sol, la estación de penitencia se realiza con toda normalidad por la vía pública; si llueve, la tristeza envuelve a todo un cortejo que pospondrá un año la ilusión de poder dar testimonio de fe en la calle. Pero, ¿qué ocurre si el tiempo es incierto? ¿Qué pasa cuando las nubes y el viento impiden hacer un pronóstico preciso, con posibilidad de que los pasos sean sorprendidos fortuitamente por las precipitaciones?

De sobra es conocido que muchas de las Juntas de Gobierno de las hermandades son cautas cuando el tiempo es incierto; en muchos casos, están en juego tallas de un valor incalculable, que forman parte del patrimonio histórico y artístico de una ciudad. Sin embargo, por otro lado, existe un efecto negativo para una hermandad por el hecho de no desfilar en procesión: al año siguiente muchos hermanos desilusionados no pedirán su “papeleta de sitio” para salir, por lo que se pierde una importante fuente de ingresos. Es aquí donde la crisis ha jugado su papel: ante ciertos escenarios de poca certeza meteorológica (con probabilidad de chubascos) las hermandades han decidido arriesgar más para salir de lo que lo habrían hecho en épocas más boyantes.

Prueba de ello lo dan muchas hermandades de la Semana Santa no solo de Córdoba, sino por ejemplo también de Sevilla, que han decidido poner sus imágenes en la calle ante el asombro de miles de paisanos que miraban atónitos una decisión que en muchos casos resultaba cuanto menos sorprendente. Y es que en épocas de vacas flacas, cualquier fuente de ingresos se mirar con mil ojos. Toda una clase práctica del concepto de “coste de oportunidad” que podemos aprender de las Juntas de las hermandades (y sus cabildos de aguas).


sábado, 17 de marzo de 2012

LA CULTURA DE LA SUBVENCIÓN

Diario Córdoba, 21-03-2012
Una vez más, y por tercera ocasión en menos de un año, los andaluces (al igual que los asturianos) estamos llamados a las urnas para renovar la cámara política que dirige nuestra Comunidad Autónoma. Volvemos, pues, a vivir una campaña electoral que, al menos en el sur, se antoja harto reñida, habida cuenta de los resultados vertidos por las recientes encuestas del CIS.

Con la excusa de mantenerme informado de las principales propuestas de los candidatos, estos día aprovecho para poner (a través de internet) los informativos de la televisión pública andaluza (Canal Sur). De entre todo lo que he podido visualizar, hay al menos un par de cosas que merecen la pena traerse a colación.

En primer lugar, es notoriamente relevante el hecho de que en la inmensa mayoría de noticias que se dan siempre está presente de una u otra forma el sector público. Ejemplos hay a pares: cuando se hablaba del estado de los cultivos, se hacía referencia a las ayudas de la Unión Europea; otra notica acerca de un nuevo descubrimiento científico en un hospital de Sevilla, conseguido gracias a las ayudas de la Junta de Andalucía; se anunciaba como Canal Sur, la televisión pública, era líder de audiencia en el horario de franja de la noche por retransmitir la Champions. Asimismo, eran reiteradas las referencias a instituciones públicas andaluzas, parques tecnológicos y centros de investigación subvencionados, etc.

Esta forma de transmitir las noticas, que no refleja otra cosa que la realidad existente en Andalucía, es un claro síntoma de la cultura de la subvención que existe en la Comunidad Autónoma. Vaya por delante que aquí no se pretende hacer ningún desprecio al importante papel que juega el sector público en las economías desarrolladas para mantener el Estado de bienestar. El problema surge cuando es el sector público el que lleva la voz cantante en la gran mayoría de los asuntos económicos de una región: es aquí cuando las ineficiencias empiezan a florecer. Y es precisamente esto lo que hace que en épocas de recesión (como la actual) una región con dicha mentalidad sufra más: menos competencia privada, pérdida de creatividad, más deuda pública, más desempleo.

Todo ello enlaza con la segunda idea anunciada más arriba: en los pocos momentos en los que he podido ver en los informativos un atisbo de iniciativa privada, siempre iban referidos a negocios de entidad menor, de actuación meramente local, o de escasa innovación y desarrollo tecnológico. Me viene a la cabeza un reportaje que hicieron el pasado 8 de marzo, a propósito del día de la mujer: grandes mujeres empresarias en Andalucía; mis expectativas eran tales que, cuando observé que la primera de ellas era la directora y fundadora de una pequeña tienda de cristalería en Sevilla, preferí cerrar mi ordenador y ponerme a otra cosa. Una pregunta me hubiese gustado añadir a estos reportajes: ¿cuántos de esos “grandes” negocios han salido adelante sin ningún tipo de ayuda pública?

Que Andalucía duplique (o triplique) la tasa de paro con respecto a otras Comunidades de nuestro país, o que presente pobres tasas de creatividad, de innovación o de desarrollo tecnológico no es ninguna casualidad. El punto que, según creo, debería ser crucial para cualquier candidato serio a la presidencia del parlamento andaluz no ha de ser el relativo al empleo: atajar el problema de raíz requeriría más bien replantear el lastre generado por esa cultura de la subvención que claramente está anclada en la estructura económica de la Comunidad Autónoma andaluza. 

domingo, 4 de marzo de 2012

¿POR QUÉ HAY MENOS DINERO DEL QUE TENEMOS?

Publicado en queaprendemoshoy.com

Hoy toca cuento: situémonos en el lejano oeste; unos cuantos americanos deciden fundar una aldea perdida en algún lugar del centro del continente. Para ello, a parte de las viviendas del puñado de habitantes que allí se instale, deciden levantar una sucursal bancaria, una barbería, un bar (tipo “saloon”) y… ¡un banco central! Con la idea de hacer funcionar la economía de la nueva población, el banco central crea una nueva moneda llamada dólar. En concreto, decide emitir un billete de 100 dólares, y se los da a un ciudadano cualquiera (llamémosle A). A, por lo tanto, dispone ahora de 100 dólares, y ese es todo el dinero que existe en el pueblo.

A, cansado de tener el billete en el bolsillo y quizás temeroso de que se lo puedan robar decide abrir una cuenta y depositarlo en la sucursal bancaria, la cual pasa a disponer de 100 dólares en su caja. Otro ciudadano de la aldea, que podemos llamar B, pese a no disponer de dinero desea fervientemente poder tomarse algunos whiskies en el bar. Para ello, decide acudir al banco comercial y pide un préstamo a devolver en varios años vista; el banco le concede un préstamo por valor de 90 dólares, ya que prefiere reservarse algo en su caja de los 100 que dispone “por si acaso”. Así, el ciudadano B pasa a tener en su cartera 90 dólares físicos.

B acude al bar, donde se gasta 10 dólares y los otros 80 que le sobran, por seguridad, los decide depositar en la sucursal bancaria, en una cuenta a su favor.  El banco recibe 80 dólares, y los guarda en su caja, anotándolos a favor de B en su balance. Así las cosas, un tercer habitante C, que no dispone de dinero alguno, acude al banco para pedir un préstamo con el cual poder ir a la barbería. El banco le da así 70 dólares, que deberá devolver en cómodos plazos. Con ese préstamo, C podrá satisfacer sus necesidades, esto es, cortarse el pelo y arreglarse la barba.

Llegados a este punto, paremos el tiempo en nuestro nuevo poblado; ¿cuánto dinero disponible hay en la aldea? Para averiguarlo, lo más sencillo es preguntar a cada ciudadano de aquello de lo que disponen. Así, A nos dirá que dispone de 100 dólares que tiene en el banco (y nos enseña su libreta de ahorros donde lo verificamos); B nos dice que tiene también una cuenta abierta con 80 dólares a su favor; el dueño del bar, dónde B consumió algunos whiskies, nos dice que tiene 10 dólares en su caja; y, por último, C nos enseña su billetera y nos muestra 70 dólares que acaba de obtener en préstamos, con los que pretende ir a la barbería. La suma total se eleva a 260 dólares. Sin embargo, ¿cuánto dinero físico (monedas y billetes) hay en la aldea? Pues, que nosotros sepamos, el banco central de la aldea solo emitió un billete de 100 dólares. ¡Magia! Parece como si un milagro ha conseguido reproducir el dinero.

Este efecto, que no se trata de ningún milagro, se consigue gracias al denominado multiplicador del dinero; en toda economía más o menos desarrollada, el banco central es el encargado de emitir la base monetaria (monedas y billetes físicos), pero son los bancos comerciales, a través de los préstamos y depósitos, los que se encargan de engrasar la economía, haciendo circular por muchas manos esa base monetaria para así animar al consumo y a la inversión. Es por ello que la confianza es un elemento fundamental en la economía: si no nos fiamos de que nuestro dinero está en buenas manos, optaremos por retirar nuestros fondos de los bancos (fenómeno que se denomina como pánico bancario), y el sistema decae.